Viaje a N.Y. y Triángulo de Bermudas

Viaje a N.Y. –

Como tenia que ir entonces a Nueva York con el barco (que todavía era civil) quiso llevarme con el, ya que tenía que estar como diez días en asuntos de papeles del barco.

Para mi fue una gran experiencia pues nunca había navegado con mi esposo como Comandante.

Es bello en el puente de un barco ver al compañero de uno dando las órdenes de comando y ver como es que se van pasando repitiendo la orden dada por el comandante.

Recuerdo que Rivera Caminero eral el primer oficial, excelente persona, muy caballero y gran amigo que fue de mi esposo hasta que murió. En paz descanse.

Tengo que contar aquí algo que nos pasó cuando todavía no se hablaba mucho (o por lo menos no se sabía) del Triangulo de las Bermudas.

Mi esposo me había enseñado a jugar solitario con las barajas para que yo me entretuviera, también leía, hacia crucigramas o a veces me iba al puente a verlo trabajar (a mi esposo).

Ese día, estando jugando solitario en un saloncito que había, y sentada frente a una claraboya, de repente se paralizaron todas las maquinas del barco. Yo miro para afuera por la claraboya y veía el mar o el cielo, porque el barco se mecía, como si fuera la cuna de un niño y había un silencio sepulcral.

Pensé que algo raro estaba pasando y lo que fuera no me gustaba par nada.

Salí caminando al puente y mi esposo al verme, con la cara de miedo que yo tenía, me dijo “vete al camarote y espérame allá, no pasa nada es un asunto sencillo y lo estamos resolviendo.”

No muy convencida, así lo hice, pero no puedo negar que tenía un miedo terrible. Me puse a leer y me dormí. Cuando desperté, como a las dos horas, todavía estábamos a merced de las olas, por supuesto más miedo me dio y me puse a rezar.

Les diré que el asunto duró cinco horas y que silencio a esta “marinera” no le convencía, sentía terror. Ya no sabía a quien rezarle.

Por fin volvieron a funcionar las maquinas y a l ratico vino mi marido y me vino con el cuento muy normal “ya arreglaron las maquinas, no tengas miedo, que tu andas conmigo y se como arreglar estos asuntos”, eso me tranquilizó, pero no me convenció.

Ahí quedo la cosa, no hablamos del asunto hasta que volvimos a regresar a casa, fue entonces que me dijo que en siendo maquinarias se habían paralizado todas y que después de pasar esa parte, todo volvió a funcionar.

Tiempo después se empezó a hablar mucho sobre el Triangulo de las Bermudas, y se que dicen se han perdido barcos y aviones. Dios Mio! Gracias te doy por habernos salvado de eso.

Al fin llegamos a New York y quiero decir aquí que fue la experiencia más linda que pasé junto a mi esposo en un barco entrando al puerto de esa gran ciudad.

Era Enero del 1953 de noche, estaba nevando, hacia un tremendo frio y mi marido me consiguió un abrigo de los que usan los marineros porque con lo que yo tenia no era suficiente.

Yo estaba parada en el puente, (como creo que dije antes, ya que el era militar y pertenecía a la Marina de Guerra) nunca había navegado con el, pues el comandaba unidades militares.

Me encantó ver como era que un Capitán da las ordenes y se van repitiendo y verlo a el cuando entrábamos a un puerto como el de New York, de noche, nevando, con neblina y tanto tráfico, tiene que ser muy difícil.

Sollo se veían lucecitas, se oían pitos y campanas.

Nunca lo olvidaré, ademas de que ver al hombre que tanto quise en una responsabilidad como esa, me llenó de orgullo ser su esposa.

Cuando llegamos al muelle, que anclamos subieron las autoridades Americanas a bordo y recuerdo que al mi esposo decirles quien yo era, le preguntaron en tono de chiste si quería que no me dejaran bajar, porque me iba a ir seguido para las tiendas.

Nosotros dos nos fuimos a un hotel y por supuesto que en lo que el hacia sus diligencias, yo estaba en las tiendas (que mujer va a ir a New York una ciudad como esa, y no va a ir a las tiendas?)

Estuvimos mas o menos diez días y cuando regresamos a Santo Domingo, vinimos con pasajeros y el viaje fue mucho mejor, no hubo problemas.

Coronación de la Reina Isabel II

Luego lo mandaron a Londres a representar la Marina de Guerra Dominicana con el rango de Contralmirante y un destroyer comandado por creo el Comandante Richardson, a la coronación de la Reina Isabel II en 1953. (Creo que el Contralmirante Cesar DeWindt ya estaba allá en esa ocasión.)

Ya habían unos chismes caminando por lo bajo (supimos quienes fueron,) porque la envidia y la ambición los mataba al ver al Contralmirante DeWindt como jefe de Estado Mayor de la Marina de Guerra y a mi marido como Sub-Jefe, que duraron cuatro años aunque mi esposo no paraba casi aquí (como creo que dije antes) se pasaba más en diligencias de comprar unidades para la Marina o en otras ocasiones buscando un barco comprado.

Pero que conste que, con todos los chismes, el “Generalísimo” no encontró a otro que pudiera hacer le papel que hizo mi marido (hablaba tres idiomas y perfecto Ingles aprendido en Inglaterra), antes la corte Inglesa en esa ocasión, ya que los Ingleses son muy exigentes en sus protocolos y sobre todo en un oficial Naval como era el (me es feo decirlo habrían buenos, pero no como el) a Dios lo que es De Dios y al Cesar lo que es del Cesar.

Lo hicieron miembro honorario del Royal Naval Club de Portsmouth, Inglaterra. (Ver copia)