Viviendo Donde Mincho Y Olguita
Cuando yo llegué a la casa de mi hermano y le dije que tenia la pistola de papá, por poco le da un patatú.
Pero Isabelita, tu estas loca? Como se te ocurre traer una pistola para acá? Yo le dije que no iba a venir nadie, puesto que si me dejaron hacer todo lo que hice en la casa ese día a que iban a venir ahora? Y empezamos a buscar un sitio estratégico para esconderla.
Terminamos (después de cambiarla de sitio varias veces) escondiéndola en un hueco que tenían los bidés, en los cuartos de baño.
Al otro día Olguita fue a hablar con su papá, don Horacio Alvarez Saviñon a ver si el podía guardar la pistola. El dijo que si, siempre que tuviera el permiso y como no lo tenia no pudo guardarla.
Ahora no sabíamos lo que íbamos a hacer con la bendita pistola.
Por fin me acordé de los archivos de papá y le dije a mi hermano que diera a ver si Virginia (que había trabajado muchos años con mi padre, podía saber del archivo.) Así fue, así se hizo y apareció el permiso y ahí mismo se puso la pistola. Ya podíamos respirar tranquilos.
Como a los cinco días después, al Mincho abrir la puerta del patio de su casa se encuentra con un un perrito negro poodle, mi hermano me llama y me pregunta si ese no es mi perro, por supuesto que los niños míos y los de el quisieron que el perro se quedara y yo por supuesto también, pero no se podía explicar como ese perro llegó allá, pero se convirtió en un asilado mas. Ya éramos siete en una habitación.
Dentro de todo lo pasamos bien, pues mis hijos y los de Mincho y Olguita (que eran entonces tres) sentían como que estaban de pasadía todo el tiempo, jugando en el patio que era grandísimo y seguro.
Había que ponerse fuerte para que se bañaran y se acostaran. Como es natural eran niños, que no podían darse cuenta de lo que estaba pasando.
Ramona cocinaba nuestra comida, yo compraba todo lo nuestro, leche, refrescos, y todo lo que necesitábamos pues yo recibía $200 pesos que Marino nos pasaba, y $200 que mi tío política me pasaba a nombre de Papá.
Yo compraba también un tanque de gas, pues como se cocinaba nuestra comida allá, no quería ocasionarles ningún gasto a ellos, ademas solo la comida nuestra era que se hacia ella, pues Doña Angelica les mandaba la comida de ellos.
Yo le di a mi amiga Lupe Anglada el titulo de nuestra casa para que lo guardara y ella se lo llevó y se lo dio a una parienta que vivía en la avenida Mella. Esta lo tuvo hasta que nosotros regresamos de nuevo a nuestra casa. Nunca supe donde vivían estas maravillosas personas, pero hoy como ayer le doy las gracias por haber cuidado algo tan importante para nosotros, siempre en el camino de la vida aparecen personas integras como ellos.
Que Dios los bendiga donde estén.
Yo me quedé donde mi hermano mas o menos tres o cuatro meses. Luego, pensé que total para que molestar y estar incomoda mas tiempo, si donde quiera que yo estuviera era igual, para el régimen. (Ademas Mami sentía que a Doña Angelica le molestaba que estuviéramos ahí en el espacio de su hija.)