El Apartamento de la Hermanos Deligne

Así se lo comuniqué a mi hermano y un día salimos en su carro, mi hermano, un vecino enemigo del régimen, Señor Mañon, casado con una hermana del ingeniero Cesar Espaillat y yo a buscar un apartamento.

Vimos varios, pero desde que sabían que era para mi, ponían pretexto y no lo alquilaban.

Hasta que Mañon dijo, miren, vamos donde mi cuñado Cesar, que usted va a tener un apartamento ahí. Lo hicimos, ya eran como la una del día y el entró solo.

Cuando le dijo para quien era, me mando un ramillete de llaves y que fuera a ver cual me gustaba, que me mudara seguido y después hablamos. Tengo su memoria en un pedestal. Dios lo tenga en la gloria. Pero desgraciadamente todos eran muy pequeños para mi y mis hijos.

Tengo que decir que, el Señor Mañon anduvo con el Sr. Rua, el día que mataron a este, el acababa de dejar al Sr. Mañon en su casa y luego le tiraron un camión e hicieron pasar como que había sido un accidente…Padre de mi amiga chiripa Rua.

Entonces volviendo a lo del apartamento, alguien me habló de uno en la calle Hermanos Deligne, que era de doña Blanca, no recuerdo su apellido de soltera, pero habíamos estado casada con el Dr. Cohen.

Fui a verlo y lo encontré perfecto para nosotros. Era seguro, en un segundo piso, en un edificio de solo cuatro apartamentos.

Tenia sala, tres dormitorios, uno y medio baños, cocina, área de lavado y cuarto de servicio con su baño, y dos entradas.

Seguido le puse unos pestillos grandes a la puerta de atrás que se mantenía cerrada, solo se se abría para comprarle a la canastera los sábados.

En la habitación de servicio puse cuatro hileras de alambre donde se colgaba la ropa después que se lavaba en una lavadora que yo compre a plazos. Era una habitación muy fresca así que se secaba rápido.

Pero lo mejor de todo fue que caí en una cuadra donde casi todos eran enemigos del régimen.

En el apartamento junto al mio vivía un señor con su esposa, que se mudaron casi de una vez, y vinieron a vivir un Canadiense que trabajaba en el Bank of Nova Scotia, Heiden Sheperd, casado con Mildred Arzeno Pla De Santiago de los Caballeros. Excelentes personas e hicimos una gran amistad que para mi llegó a ser como una hermana y sus hijos, entonces eran tres varones, luego vino la hembra

Fue maravilloso, pues mis hijos ya tenían con quien jugar.

El padre de Mildred don Luis Armenio era simpatiquísimo, y su esposa y su hermana (hermana de doña Fela) que venia y a veces se quedaba unos días era muy ocurrente y lo pasábamos muy bien.

Don Luis siempre traía sacos de víveres y le decía a Mildred que me mandara de todo. Lo cual ella no solo me mandaba de eso, sino que ella iba al mercado los sábados y me trata una bandeja con berenjenas, tallotas, zanahorias, plátanos maduros, etc.

En los bajos miss vivían Leo Pellerano con su esposa Juanina Pou, su mamá, doña ? Cuello, hermana de Leovigildo Cuello. Asilado fuera hacia muchos años y declarado enemigo del gobierno.

En el otro abajo de los Sheperds vivía Samuel Maira Marronzini, casado con una puertorriqueña que no recuerdo su nombre. Pero tenia una hermana casada con Carlos Ortiz, superintendente del Central Rio Haina en ese entonces.

Este señor y sus esposa nos invitaron a un cumpleaños de uno de sus nietos en su casa en Haina y nos mandaron a buscar en su carro. Unico cumpleaños al que invitaron a mis hijos. Que Dios bendiga a estas personas! No los he visto mas nunca, pero los recuerdo a todos con afecto y gratitud por ese gesto.

Frente a mi apartamento vivían don Miguel Socias y su esposa doña Fresa Grullon de Socias.

Maravillosas persona, que seguido me adoptaron como familia.

Al lado de ellos, en un edificio de apartamentos, en los bajos vivía doña Filomena Mary, la cual desde que se enteró de mi problema y que yo era la hija de Fello Dalmau, me mandaba poncheras de comida árabe y me puso su casa a mi orden. Yo iba a devolverle los platos y me sentaba un rato a hablar con ella.

Gracias Doña Filomena, donde usted esté, reciba mi afecto y bendición.

Cuando sus nietos, los hijos de don José y los de doña Margot y don Marino salían de la escuela, generalmente iban donde ella y mi hijo mayor Albertito iba a jugar con ellos hasta que los venia a buscar y generalmente venia don Marino Auffant a buscar a Felipe y le tenia que repartir a cuantos muchachos estaban ahí, entre ellos mi hijo, chelitos y todo corrían para el colmado, como gozaban esos muchachos.

Al lado de ese edificio había un colmado de unas personas encantadoras, humanos y fieles. Yo empecé a comprarles ellos y un joven empleado que tenían le dijo a Ramona, la muchacha de mi confianza, que me dijera que unos caliés habían ido allá y que le preguntaron que donde vivía por ahí una señora apellido Arvelo y el le contesto que jamas había oido ese apellido por ahí. Don Fausto se llamaba el dueño y Mildred a veces sentada en mi balcón donde aparecía con un tiple,, le voceaba a don Fausto que nos mandara una botella de Cerveza Presidente de las grandes bien fría. Dentro de todo lo pasamos muy bien.

Mientras tanto en el parqueo sus hijos y los míos cuidados por mi muchachada y por nosotras desde el balcón, jugaban muchísimo y se hicieron íntimos amigos.

Después ellos e fueron a vivir a Toronto, y uno de mis hijos con los años se casó con Patricia McQuey y se fueron a vivir allá, y volvió a renacer la amistad.

Volviendo atrás, los caliés averiguaron, y desde entonces yo tuve uno que se sentaba en la verja, pero nunca se metió con nosotros.

Al lado de nuestro edificio había una casita donde vivía Edith Pou, casada don el señor Francisco Arredondo.

Al lado de ellos en el primer piso de un edificio vivía Yolanda Garrido de Ventura Simó, con sus dos hijos Mary Lois y Juan de Dios que todavía había que llevarlo de manos de tan pequeño. (Esa casita pequeña era donde vivía doña Yolanda, no en el apartamento. Yo iba ahí a jugar com Mary Lois. Y Juan De Dios tenia un problema con las piernas y tenia unos hierros para corregirlo, por eso había que llevarlo de manos.) Me partía el corazón ver a esos niños tan pequeños y tan solos. Hicimos amistad Yolanda y yo y le cogí un gran cariño, es una persona muy amistosa, simpática, y buena.

Los Domingos yo le decía que trajeran para mi casa lo que ella tenia de comida y así juntas con nuestros hijos lo pasábamos mejor. Para los niños era como si estuvieran en pasa día, mientras nosotras acabábamos con el gobierno y con medio mundo.

Pero lo mio, pensaba yo, no era nada al lado de lo de ella.

Mi esposo estaba vivo en Puerto Rico, mientras que el de ella ya lo habían matado.

Hoy en día es la esposa del ingeniero Leandro Guzman, viudo de Maria Teresa Mirabal, una de las heroínas de Salcedo.

Siempre guardo para ella y sus hijos un gran cariño, aunque a pena nos vemos. (Yo era amiga de Mary Lois y su mamá en Facebook hasta el lio cuando Mary fue a la cárcel. Tommy la busco y aparentemente fue en realidad un accidente como ella decía. Están pensando soltarla.)

Frente a Yolanda en la esquina vivía Agustico Sanchez Sanlley, el cual tenia su calié que era uno que vendía cigarrillos, mentas, etc., lo que aquí se le dice “paletero.” Ese yo creo que también vigilaba a Yolanda.

Frente a este, junto a la iglesia de San Antonio, vivían los Olavarrieta, y un día pasado con mis hijos y Ramona para la escuela, por la acera de ellos, y sale doña Carmen Vega de Olavarrieta y me corta el paso, como dicen, y yo me paré sorprendida y con mi medito de que fuera a ser un “gancho”, pues yo la conocía de vista y sabía quien era, pero nunca había hablado con ella. Entonces ella me dice, “mi hija, tu eres la hija de Fello Dalmau? Le contesté que si, y me dice “la que tiene al esposo fuera? Le contesté que si, entonces, ella me dice, “Mira bien, esta casa, cualquier cosa que tu y tus hijos necesiten, las puertas están abiertas a cualquier hora, solo tienen que llegar.

Yo me emocioné tanto que se me aguaron los ojos, al ver que esa señora me brindaba su casa cuando otros, hasta de la misma familia, me volteaban la cara. Esas son las cosas raras de la vida… tengo su memoria en un pedestal, a esa gran dama que me ofrecía rosas a mi y a mis hijos, en aquel camino de espinas.

Por consejos de algunas personas, fui a la casa donde estaba viviendo Paíno Pichardo, la 19 de Marzo, ya que el había sido amigo de mi padre, de tal manera que el día que mi primer hijo nació el le puso un telegrama a mi papá donde le decía “nada que sea de tu felicidad pasa inadvertido para mi, felicidades por ese primer nieto.” Tu amigo, Paíno.

Yo decidí ir hechando el orgullo a un lado, cuando llego que eran como las cuatro de la tarde, hablo con el chofer que le estaba limpiando el carro, este me enseña por donde entrar y tocar un timbre.

Viene una joven oscura y me pregunta que quien soy y que deseo. Le digo que soy la hija de Fello Dalmau y quería hablar dos palabras con el.

Esta va dentro y viene y me dice que dice el que el no atiende a nadie aquí, le pregunto entonces donde era que el recibía, ella me contesta que en ninguna parte, y que si no habíamos visto el letrero que había ahí (en realidad yo no lo había visto) que decía, que el no recibía a nadie en su casa. Ya se me habían cruzado los apellidos (como el de el, porque el era primo segundo de mi madre, el Pichardo) y cuando esa mujer me dijo eso, le contesté “Dígale al señor ese que no habíamos visto el letrero, pero que gracias por su cortesía y di media vuelta y me fui. Se que me pude haber buscado un gran problema con eso, pero así fue al mes matan a Trujillo y este señor tuvo que salir huyendo a New York, donde después se dio un balazo y quedó paralítico por varios años, hasta que la esposa que el había dejado, lo recogió y lo atendió hasta su muerte.

Mi padre era intimo amigo de doña Milagros Santoni, la mamá de Ana María Livi. Estando en New York se enamora esta con Manuel de Moya Alonzo, que entonces era modelo y portero de la Feria Mundial celebrada en esa gran ciudad.

Doña Milagros no llevaba gusto para nada, pero ellos se casan y quedan enemigos de la madre.

Mi papá era que le manejaba sus bienes (que eran muchos) a doña Milagros que, entre estos tenia la llaves de una casa de esta aquí.

Ellos deciden venir para el país le empiezan a rogar a mi papá para que el le diera las llaves de la casa de la mamá de ella, e iban todos los días a comer a la casa de mi padre, que en esa época estaba casado con Cruz Amelia Yesa Subero.

No tengo nocionales de si mi padre averiguo con la madre de Ana María, darle las llaves de la casa.

En ese tiempo, mi padre era el representante de la Sinclair Oil Company en el país y estaba en su apogeo, de posición económica y social y por la hija de su amiga, hace lo que fuera.

Siguió el tiempo y no estoy enterada de como empieza ese señor a trabajar con el Generalísimo, de repente fabrica una casa preciosa con todos los lujos que solo daba el poder cercano al dictador.

Su señora Ana María era elegante, criada con toda una vida de riquezas. Se había casado antes y tenia una hija Joselyn Caballero con la cual traté, no con mucha intimidad, pues estábamos en colegios separados, pero habíamos ese acercamiento de amistad con mi padre y recuerdo haber estado en los quince años de Joselyn celebrados en esa casa, que después la Sra. de Moya cae en desgracia (no se porque) y se asila en la casa de su hermana Claudina que vivía en la calle Espaillat. Y el único carro que se paraba frente a esa casa era el de mi padre Alfredo Dalmau Rijo. La casa de la Moya se la coge Fado Martinez Alba.

Vuelve el Señor de Moya al poder del Jefe y compra donde hoy día de encuentra el Club De Arroyo Hondo, pero con todas esas tierras que hoy son Arroyo Hondo I, II, III, etc Imagínense, volvía a estar junto al manda más.

Pasan los años y seguía la amistad con mi padre y ese señor, pero supuesto en vías diferentes pues, mi padre se había divorciado de la señora Yssa, pasó unos años soltero y después vuelve a casarse, esta vez con la Sra., Ana Benz Ferrari de Puerto Plata. Y se fueron a Europa por cuatro años, ahí entonces es que viniendo ellos del viejo mundo se enteran ellos del asilo de Alberto en Puerto Rico, como dije antes y ahí se quedaron en New York.

Ante los acontecimientos, mi padre va visitar al Sr. De Moya en New York, para pedirle el favor de conseguir mi salida y la de mis hijos para New York.

Primero (increíble) lo pone igual que todo el mundo a hacer tiempo de espera, después le garantiza que le va a hablar al Jefe.

Mi padre me escribe una carta para que fuera donde Joselyn, la hijastra de el para que a través de ella me contestara.

Así lo hice, esta me recibió muy cariñosa y como siempre, estuvimos un rato conversando y luego me dijo que iba a hablar con su padre para recordarle la promesa que le habíamos hecho a mi padre en New York y me dijo que la llamara en tres días.

Así lo hice, y cual fue la respuesta? Que su papa le dijo que no podía hacer nada. Le di las gracias y le comuniqué a mi padre lo que había pasado.

Pero el muy cínico se encuentra con mi padre en New York, mi papá le menciona el caso, como si no supiera nada y este le dice: ” Oh y tu hija no esta aquí? Porque el Jefe dio la orden delante de mi,” y mi padre le contesto, “pues Manuel no le hicieron caso al Jefe”. “Que raro! Porque mi hija y mis nietos están en Santo Domingo, yo creo que si hubiera sido como tu dices hubieran estado hace tiempo aquí, pero gracias de todos modos,”

Volviendo atrás, la casa cuando cayó en desgracia la primera vez, se la cogió Paquito Martinez Alba, hermano de Maria Martinez Alba de Trujillo. Con todo lo que estaba adentro hasta cosas que llevo pertenecían a doña Milagros Santoni (Que había hecho las paces con su hija, por supuesto!) salieron con una mano adelante y otra atrás como se dice.

Pues, pasa el tiempo, matan al Jefe y el se va del país, por supuesto. Si se quedan no lo cuentan.

Pasa entonces que en 1963 el Consejo de Estado, nombra a mi esposo Cónsul de Miami y un día voy a aeropuerto a buscar a una amiga que venía de Santo Domingo.

Estoy parada con mis hijos y siento a una persona que me dice por detrás: ” excúseme, es usted hija de Fello Dalmau?” “Si” le contesto volteándome, y al verlo, el deseo que me dio fue decirle “Si la misma por la que usted no pudo hacer nada y agregarle algunas cosas mas” pero se salvó por lo bien que me había tratado Joselyn su hijastra.

El señor De Moya no se acerco a la hija de Fello, sino a la esposa del cónsul dominicano en Miami.

Esa es la humanidad, no lo volví a ver más nunca.

Después, por otra vía supe que doña Ana Rosa Santoni de Kilbourne, que sabia se había portado mi padre con ellos cuando llegaron a New York sin nada y todo lo demás, le dijo a el (al Señor De Moya) que debió de darle vergüenza poner a Fello Dalmau a hacer hora para verlo en New York, después que se había comido muy buenos jamones, etc. El y su mujer (eran primos) y doña Ana Rosa era prima de mi padre y siempre se quisieron mucho como primos. Es mas, me enteré que ella en su juventud fue a fiestas en San Pedro de Macorís con papá de chaperón.