Matan a Trujillo

Matan a Trujillo –

Volviendo atrás, cuando matan al Jefe, ese día 30 de Mayo de 1961, el pueblo dominicano, no soñaba que habíamos llegado el fin de la vida de quien habíamos hecho tanto daño a este pueblo por 31 años.

Al día siguiente, el 1ro de Junio, yo estaba vistiendo a mis hijos para ir a la escuela. Ramona Vargas mi confianza había ido a buscar la leche que yo se la compraba a Virgilio Perez Bernal, que vivía como a cinco cuadras en la Avenida Independencia.

Suena el teléfono y era mi prima Elena Santos Dalmau de Mallen y me dice: Ysa como están los muchachos de la gripe? No los mandes al colegio que la brisa les puede hacer daño, dentro de un rato yo te llevo la medicina, yo me lo encontré raro, seguido pensé que algo pasaba porque los muchachos no tenían gripe, ni yo había hablado con ella en esos días.

Ahí llega Leo Pellerano, que vivía en los bajos míos, (como dije antes). Y me dice que habían matado al Jefe. Yo por poco me desmayo, y le pregunto que quien. Porque me encontraba el hecho tan grande, que quería saber que habíamos tenido los pantalones para hacerlo, me dijo que le dijeron solo que Antonio Imbert y Antonio de la Maza estaban metidos en el asunto.

Le dije a los muchachos, que se cambiaran la ropa que no iban para la escuela, ahí fue que caí en lo que mi prima me quiso decir.

Ramona no llegaba con la leche, nunca se había dilatado tanto. Llega doña Fresa de Socias y me dice la noticia y que don Miguel me mandaba a decir que brindáramos con un trago.

Al fin llega Ramona con la leche y me dice: “Doña, yo no se lo que esta pasando, pero los hombres que traían la leche del campo dijeron cuando llegaron que en el camino los pararon varias veces para registrar el vehículo, además la casa de esa gente estaba con muchas personas.

Ahí yo le dije lo que había pasado y entonces por poco es ella que se desmaya.

Seguido di la orden a ella y a los muchachos que no bajaran al parqueo y se quedara jugando dentro de la casa.

Me cambié de ropa y me fui al frente donde don Miguel y doña Fresa Socias. Ya Don Miguel me tenia preparado el trago (que en ese tiempo yo no tomaba) para brindar los tres por el suceso y me dijo que me fuera con mis hijos para su casa a dormir allá.

Me fui a mi casa y al ratico llegó Liquito Mallen Guerra a buscarme, pero yo le dije, dandole las gracias que me iba a ir donde los Socias a dormir.

Así lo hicimos mis hijos y yo, ellos nos dieron la habitación de su hijo Luisito y todos dormíamos vestidos.

Ramona se fue a dormir con la trabajadora de donde Mildred y solo dejamos en el apartamento a un perrito que era bien guapo (Jupiter), para que cuidara, lo que podía.

Así estuvimos una semana. Pero la segunda noche de estar allá estando sentados en la marquesina de don Miguel, estaban pasando muchos carros de Calié y don Miguel dijo que no le gustaba eso, que entráramos y nos fuéramos a la habitación de ellos arriba.

Por supuesto, los muchachos ya estaban acostados. Eramos don Miguel y doña Fresa, una señora Española, y yo.
Nos sentamos en la terraza y no pasaron quince minutos cuando vimos un tiroteo como si estuviéramos pasando en la calle de atrás, entramos corriendo para dentro y cada uno fue a acostarse.

Al otro día supimos que el asunto había sido que habían acribillado a balazos en la acera de la Ferretería Reid en la Avenida Bolivar a Antonio de la Maza y a Juan Tomas Diaz, pero ellos se defendieron como tamaños machos que eran, pero eran muchos calieses y con la saña que tenían contra quienes le habían matado su Jefe, no podían salvarse de ninguna manera. Al otro día salieron las fotos en el periódico.

A la semana yo le di las gracias a don Miguel por sus generosidad, y decidí quedarme en mi casa.

No tengo con que pagarle estas maravillosas personas, la protección que me brindaron a mi y a mis hijos, porque el decía que no se sabía como iban a reaccionar contra los enemigos del régimen.

Le agradecí en el alma Liquito y a Elena y no podía ser menos, pues nosotras somos primas, pero hermanas de crianza, aunque no todo el mundo reaccionó igual. Yo las comprendo porque todas las otras estaban casadas y se debían a lo que decidieran sus maridos y la cosa era para temer.

Cuando éramos pequeñas que vivían nuestras familias en San Pedro de Macorís, éramos una sola familia entre la rasa de mi tía Aurelia (Lela) Dalmau Vda. Santos, mi tía mamá (la que me crió) Anacaona Dalmau Rijo, y la casa de mi tía Colombina Dalmau rijo de Nadal y mi querido tío Nadal Nadal Andrew.

También los Dalmau Mendoza, hijos de mi tío Carlos Dalmau Rijo (a quien no conocí), y mi querida tía Manuela Mendoza de Dalmau.

(Ya mi padre vivía en Santo Domingo donde empezaba el desarrollo del país y sus negocios de la Dalmau C por A representaba a la petrolera Sinclair Company.) (Repeating again.)

Volviendo al caso, una amiga de mi prima Elena, me había regalado una estampa de San Antonio de Padua, y me había dicho que le pidiera mi salida de aquí con mis hijos y que nos reuniéramos en Puerto Rico.

Como a iglesia de San Antonio quedaba a una cuadra, yo me dediqué a ir a visitarlo a cada rato, cuando no había nadie en la iglesia. Y ahí tienen un San Antonio casi del tamaño de un ser humano. Yo empecé su devoción y a pedirle que me dejara ver que era el, que si eso era así, yo le prometía propagar su devoción hasta que me muriera.

Así fue que matan a Trujillo el 30 de Mayo de 1961 y el día 1ro de Junio que cayó domingo, llega a mi casa el carro de mi tío Nadal y el chofer me dice que mi tío me mandaba a buscar, que fuera con los niños a comer allá.

Yo me lo encontré raro, pues antes jamás me había invitado a comer (me refiero mientras mi esposo había estado asilado). Al llegar e ir a saludar a mi tío, lo veo con un pasaporte en las piernas y una sonrisa.

Pensé que era el mio y le digo que yo no lo podía creer, me dice que no era el mio, pero que habían llamado para que fueran a buscar el mio y el de mis hijos. Que el creía que había funcionado una diligencia que el había hecho. Que no me apurara que me preparara y a los niños, que el me los mandaría a buscar, pues yo no tenia que ir y que su carro me llevaría al consulado americano para la visa.

Ya se imaginan como yo me puse y los niños ni se diga! (Esto no fué así pues yo no sabía nada e Ivan y Alex estaban pegueños todavia. Me imagino que Pico si sabía. Yo no supe nada hasta que nos juntamos con Papi en San Juan.)

Al otro día Lunes 12 de Junio 1961, llegó a mi casa Enrique Ricart Martinez (que entonces estaba casado con mi prima Ivelisse Nadal Dalmau) con mi pasaporte y no tuve ni que irlo a buscar, seguido pensé que se había movido una tecla muy alta. Hoy esta casada con Ernestín Vitienes.

Legó el carro de mi tío Nadal y me fui con mis hijos al consulado americano que entonces estaba en el edificio Copello en la Calle del Conde.

Cuando el cónsul me recibió con mis cuatro hijos, me dice ese señor “Sra. Arvelo, porque usted no solicito residencia porque sabemos que usted va a quedarse porque su esposo esta en Puerto Rico y su papá en Nueva York. Yo le contesté un poco asombrada e incomoda, de que en aquellos momentos, me saliera con eso, cuando la situación política estaba peligrosa y le conteste: ” Señor Cónsul, en que país se cree usted que estamos? En el suyo o en el mio? No, comprende usted que lo que yo necesito es salir de este país con mis hijos, ya que nuestras vidas peligran. A nosotros no nos interesa vivir en Estados Unidos, solo necesitamos salir del país, después a lo mejor terminamos en el Japón, Sr. Cónsul.

Seguido comprendió y me dijo esta bien Señora, vaya y regrese a la una sin los niños.

Así fue, me fui a la casa de mi tío con los niños, comimos allá. El quería saber como me había ido en el consulado.

Y cuando terminamos de comer llegó allá mi querido primo Martincito Santos Dalmau, que también estaba interesado en saber como andaba la cosa.

Me ofreció llevarme a mi casa, pero mi tío le dijo que no porque yo tenia que ir al consulado.

El se fue y casi de una vez me fui yo, pasé por mi casa, deje mis hijos. Allá estaba mi prima hermana Elena y me hizo tomar un Bellergal dique para los nervios, pero yo no estaba nerviosa y nunca antes habíamos tomado un tranquilizante.

Me fui al consulado y me mandaron a sentar en un salón solamente estaba yo y por supuesto, con el tranquilizante, la tranquilidad del salón, unos abanicos grandísimos de pie, me rendí.

Cuando de repente oigo una bocina llamándome y diciéndome que una una llamada.

Cogí el teléfono y era el señor Mara, Presidente de la comisión de la O.E.A (Organización de Estados Americanos), que estaba en el país por la situación política y me dice que me estaba llamando desde mi casa, porque había recibido una llamada de mi marido desde Puerto Rico, para que consiguieran mi salida y la de mis hijos. Y que el había hablado con el Presidente Dr. Balaguer y quería saber si todo estaba bien, si me habían entregado los pasaportes y si me habían dado la visa, y que cualquier cosa podía llamar, ir o mandar donde el que estaban instalados en el Hotel El Embajador.

Yo le dije que todo estaba bien y el Cónsul me había dicho que me daría la visa esa tarde, que yo me iría al otro día. Le di las gracias y cerré.

Eso fue lo que pasó, ya me encontraba yo tanta amabilidad, por una diligencia que hubiera hecho mi tío, la cuestión era diplomática y de altura.

Me fui a mi casa contentísima, llego y veo a todos con caras muy tristes, mi Mamá, Mama Lupe, mi tía Marina, etc. Les digo que me iba y me dicen ” no, es que Martincito tuvo un accidente y esta muy grave”. Ahí mismo llama Elena, su hermana y dice que acababa de morir mi primo en la Clínica Internacional.

No puedo describir aquella pena dentro de mi alegría, porque nos íbamos. Precisamente, el tuvo el accidente cuando salió de donde mi tío y que se había ofrecido llevarme a mi casa. Así pues, por poco estoy con el en ese momento, y quien sabe que me hubiera pasado a mi.

Me cambié de ropa y me fui al mortuorio en casa de su hermano Pedro Juan Santos Dalmau (Talito).

Ahí estuve hasta las diez de la noche cuando me fui a casa a preparar las maletas de todos nosotros.

Al otro día, es decir el día 13 de Junio, voy a la iglesia de San Antonio a darle las gracias porque me iba a juntar con mi esposo, cuando veo que estaban repartiendo pan. Le pregunto a una viejita que porque repartían pan y me dice “oh, porque hoy es el día grande de San Antonio de Padua. Yo tuve que sentarme porque fue tan potente el milagro que me quedé fría.

Yo le había pedido (como dije antes, que me dejara ver que era el para propagar su devoción mientras vida tenga. Y así lo he cumplido todos estos años hasta hoy.)

Me es muy hermoso contar esto para que otras personas sigan esa devoción.